La designación del primer Cardenal venezolano Monseñor José Humberto Quintero, selló una sólida relación de la Iglesia con el Presidente Betancourt
“SEÑOR SI EXISTES… SALVA MI ALMA SI ES QUE LA TENGO”
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Rafael Simón Jiménez 

El nombramiento del primer Cardenal venezolano, fue motivo de controversias políticas, en buena medida desconocidas, y a las que refiere con lujo de detalles en sus memorias, el desaparecido canciller y excandidato presidencial Miguel Ángel Burelli Rivas, condimentadas con los relatos de otros personajes que tuvieron acceso a los intríngulis de la designación del Príncipe de la Iglesia venezolana.

Como lógico aspirante a convertirse en purpurado, aparecía la egregia figura del arzobispo de Caracas, monseñor Rafael Arias Blanco, quien gozaba de inmenso prestigio en la Iglesia y en el mundo político, pues su famosa pastoral denunciando a la dictadura militar en mayo de 1.957, había sido fundamental, para lograr la compactación del amplio frente antidictatorial que derrocó a Pérez Jiménez.

Monseñor Arias Blanco, muere en un accidente automovilístico en los primeros meses del renacer democrático, y siendo inminente el nombramiento del primer Cardenal de la Iglesia venezolana, se abre una polémica entre los partidos de la coalición gobernante: AD y COPEI, sobre quién debía ocupar esa distinción, que corresponde a una decisión papal. Mientras los adecos se inclinan por monseñor Bernal, Obispo de Ciudad Bolívar, y quien había cultivado una estrecha relación con los presos de la dictadura en el penal de esa ciudad, los copeyanos, más inclinados a los temas eclesiásticos, se pronuncian por monseñor Pulido Méndez uno de los más distinguidos obispos venezolanos. Unas cartas de monseñor José Humberto Quintero, dirigidas a Pérez Jiménez y halladas en los archivos de Miraflores, fueron utilizadas como pretexto para oponerse a la candidatura cardenalicia de quien aparecía como el candidato favorito del Vaticano.

El ACERCAMIENTO

Rómulo Betancourt, quien iniciaba su gobierno en 1.959, en medio de grandes dificultades y oposiciones de sectores de izquierda y derecha que lo adversaban con encono, había buscado una línea de acercamiento con la iglesia. A pesar de su proclamado ateísmo, y de las difíciles y conflictivas relaciones sostenidas con la jerarquía eclesiástica en el trienio 1945-1948, volvía al gobierno, decidido a tener las mejores relaciones con todos los factores de poder, incluida la influyente


 
IGLESIA CATÓLICA

Sin embargo. adecos y copeyanos, se consorcian para pretender influir sobre la decisión vaticana, esbozando argumentos, para objetar la designación de monseñor Quintero, y proponer a un obispo más cercano a sus simpatías. Los doctores Arístides Calvani y Gonzalo Barrios encabezan una delegación que se entrevista con el Secretario de Estado del Vaticano, para transmitirles las opiniones del gobierno venezolano. La respuesta del alto funcionario, se traduce en una fuerte reprimenda, especialmente para el doctor Calvani, de reconocida fe y filiación cristiana y conocedor de los métodos y procedimientos de la Iglesia, y la posición firme del vocero del vicario de Cristo y sucesor de San Pablo, de que la designación del cardenalato recaería sobre monseñor Quintero o se diferiría hasta que existieran en Venezuela condiciones para ello.

BETANCOURT DECIDE

Informado Betancourt por los altos comisionados, del infructuoso resultado de sus gestiones, decide realista y pragmático, acercarse a Monseñor Quintero, y hacerle ver que el gobierno que preside, se siente satisfecho de su designación como Cardenal. Desde entonces nacería una amistad entre el jefe de la Iglesia y el Presidente de la Republica, que se iría estrechando con los años. Consciente el nuevo Cardenal del ateísmo del Jefe de Estado, fue poco a poco tratando de atraerlo para la fe, cuyo trabajo espiritual, lo inició pidiéndole que aún cuando no fuera creyente, rezara una oración que le había construido especialmente para él y cuya invocación expresaba “! Señor si existes, salva mi alma si la tengo!

Desde entonces la sólida relación entre Monseñor Quintero y Betancourt, seria clave para que la Iglesia jugara un papel activo y beligerante en los difíciles tiempos del nacimiento y la consolidación de la democracia venezolana, cuando desde la derecha reaccionaria, o la izquierda castro-comunista, pretendieran retrotraernos en el camino de la libertad.

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