Se ha llegado al punto en que, en muchas ocasiones, no se debate sobre el carácter ilegal de las intervenciones, sino sobre el enfoque que se les da a esas políticas
INTERVENCIÓN EN VENEZUELA
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Leopoldo Puchi

"La injerencia extranjera en las elecciones es uno de los graves problemas que tiene la democracia en Europa y en el mundo", sentenció hace pocos días Josep Borrell en declaraciones a la prensa en Madrid, donde reiteró su preocupación acerca de la influencia de otros países en las elecciones y subrayó que esta práctica representa un gran peligro para la estabilidad política. A su vez, el Parlamento Europeo ha solicitado medidas inmediatas para abordar esta amenaza.

Por su parte, el gobierno de Estados Unidos ha expresado en repetidas ocasiones que Rusia ha intervenido para socavar e influir e en los resultados de elecciones a través de intervenciones en distintos países del mundo.

IRONÍAS

Mientras Borrell denuncia la interferencia extranjera en su propio patio, resulta irónico observar la constante actuación de la Unión Europea para influir en los procesos políticos y electorales de países fuera de Europa. ¿Cómo puede denunciar con tanta vehemencia lo que él mismo practica en otras latitudes? ¿Su indignación sobre la intervención extranjera no debería expresarse de forma universal, en lugar de ser selectiva?

Evidentemente, se trata de una conducta incoherente, que se explica únicamente porque está velando por intereses particulares. Estos intereses no solo abarcan la protección del viejo continente, sino también el establecimiento de lazos con los países latinoamericanos en términos de subordinación, lo que daría a Europa un “derecho especial” de intervención.



“PRINCIPOS”

El orden internacional establece la prohibición de intervención extranjera Este principio se basa en el respeto a la soberanía de los Estados y está consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, que además establece que todos los Estados son iguales en derechos soberanos y prohíbe la intervención, ya sea directa o indirecta, en los asuntos internos de otros Estados.

En cuanto al principio de Responsabilidad de Proteger, está claramente establecido que solo puede utilizarse con la previa autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Como bien se sabe, esa autorización para intervenir en la política venezolana no existe.

MODALIDADES

Claro está, estos principios internacionales son simples palabras escritas que muy pocas veces son respetados, especialmente por los países más poderosos. Se ha llegado al punto en que, en muchas ocasiones, no se debate sobre el carácter ilegal de las intervenciones, sino sobre el enfoque que se les da a esas políticas.

Este es el caso de la discusión actual que tiene lugar en Washington sobre Venezuela, donde distintos sectores se interpelan acerca la modalidad de intervención. Mientras algunos, principalmente demócratas, abogan por una intervención en la que las sanciones actúen como elementos de presión, otros sectores insisten en imponer medidas de bloqueo económico de manera más extrema.



JUAN GONZÁLEZ

Un reciente reportaje de David Alandete, corresponsal de ABC en Washington, revela este pulso entre dos formas de intervención en Venezuela. Alandete señala que la salida de Juan González del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca es parte de esas pugnas y representaría un cambio de políticas hacia Venezuela, es decir, un cambio en las modalidades de actuación, pero manteniendo la política de intervención desde el extranjero.

Desde el punto de vista de Alandete, que se ubica en una perspectiva dura y firme, González habría entregado a Maduro en las negociaciones “todo lo que quería y más”, por lo que habría sido despedido.

Sin embargo, se desconoce si la salida de González implica efectivamente la adopción de una nueva modalidad de intervención, ya que es probable que haya obedecido a otras variables, como la presión de Javier Milei, el nuevo presidente de Argentina. González es señalado de estar vinculado al respaldo brindado en la campaña electoral a Sergio Massa por el consultor Dan Restrepo y los asesores Jessica Reis y Robert Gibbs, que trabajan con el Partido Demócrata.

REGLA DE ORO

Existe un principio al que Borrell y los funcionarios estadounidenses tendrían que prestar atención cuando se quejan de interferencias extranjeras. Se trata de la Regla de Oro, que hace parte de diversas culturas y religiones. Su formulación básica es tratar a los demás como nos gustaría ser tratados. Aunque la política internacional se caracteriza por la complejidad y la prevalencia de intereses particulares, no está demás tener en cuenta este principio o, al menos, abstenerse de pontificar.



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