Las presidencias de Cipriano Castro y su compadre Juan Vicente Gómez consagran la “Hegemonía Andina”, a comienzo del siglo XX
QUE ESTAS HACIENDO PABLO….. SALVANDO NUESTRAS VIDAS
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Rafael Simón Jiménez

Cipriano Castro, fue un caudillo, guapo, vocinglero y belicoso, cuya aguda intuición sobre la realidad política y militar venezolana, le permitió coronar con éxito una invasión armada en apariencia destinada a fracasar y que lo catapultó en sólo seis meses, desde los confines fronterizos con Colombia hasta la Casa Amarilla, símbolo del poder de la Venezuela de entre siglo.

Nacido en Capacho, estado Táchira, Don Carmelo, el padre de Cipriano trató de encaminarlo hacia el sacerdocio, enviándolo a estudiar al seminario en Pamplona Colombia, pero la verdadera vocación de su vástago estaba en las armas; de allí que desde joven se involucre en las guerras civiles que sacudían al Táchira y donde logra destacar por su valor y audacia, desempeñándose como gobernador de la sección Táchira del gran Estado Los Andes y más tarde como diputado por esa región al Congreso Nacional.

Su incursión parlamentaria, le permite incursionar en la política nacional y codearse con los caudillos del decadente “liberalismo amarillo”, que ya a finales de siglo y bajo el predominio de Joaquín Crespo acusaba un proceso de erosión que anticipaba su colapso. Castro, como buen andino zamarro y calculador ausculta la situación nacional y valora los méritos y el valor de Crespo, por lo que evita confrontarlo. Cada vez que desde el Táchira viene a Caracas, al regresar le comenta a sus seguidores, que impacientes esperan sus noticias: ¡Mientras Crespo mande en Caracas, no podemos intentar nada¡

EL “MOCHO HERNÁNDEZ”

Con el fraude electoral que Joaquín Crespo adelanta para imponer a Ignacio Andrade como su sucesor cerrándole el paso al popularísimo “mocho Hernández “, y con su posterior muerte en la Mata Carmelera, Castro al enterarse, siente que ha llegado su momento desde Cúcuta y desde la vecina población de la Mulera recluta un improvisado ejercito de 60 hombres, que seis meses más tarde, en noviembre de 1.899, tras las múltiples cabriolas que jugaban los jefes del Ejército Liberal, y con mas derrotas que victoria logra arribar a la Presidencia de la República, cerrando el ciclo y el siglo e imponiendo un nuevo tiempo y una nueva hegemonía regional.

En la Presidencia de la República, Cipriano Castro, amén de desafiante y belicoso, será un hombre de francachelas, saraos y vida disoluta, de la que se aprovechan para sacar provechos los hombres del círculo que lo rodea. Los excesos de su vida privada poco a poco le irán minando la salud, el brandy, las parrandas y el desenfreno sexual, le agravan una vieja dolencia constituida por un divertículo colónico, que perforado en la vejiga le causarán progresivos trastornos, con infecciones severas y altas fiebres, que muchas veces lo consumían en la inconsciencia, por lo que el propio caudillo se convenció de la urgencia en buscar remedio a sus males.

En principio, el atrabiliario gobernante, consulta con lo mejor de la ciencia de que dispone Venezuela, y todos los galenos que lo atienden coinciden en el diagnóstico, y en la necesidad, si se quiere que mejore, de practicar una operación que cierre la fistula que comunica la vejiga con el intestino y donde se localizan las causas de sus agravados trastornos. A pesar de lo escaso de los medios e instrumentales con que entonces se cuenta en Venezuela, se reúne un equipo de cirujanos que se disponen a practicar la operación y a tal efecto se habilita especialmente un quirófano en la residencia Presidencial de Macuto, donde deberá realizarse el acto médico. El equipo de galenos lo integran los doctores Pablo Acosta Ortiz, José Rafael Revenga y Eduardo Celis que funge de anestesiólogo, y quienes creen practicar con éxito la operación.

“SE FUE EL PULSO……”

La habitación desdoblada en quirófano, es rodeada por un grupo de los guardias personales de Castro, que en actitud amenazante, esperan por el éxito de la intervención quirúrgica y previenen contra cualquier error médico que pueda poner en riesgo la vida del distinguido paciente. La operación comienza administrándole cloroformo a Castro, que de inmediato hace una reacción al anestésico. El doctor Celis que lleva el pulso, da la señal de alarma, cuando el doctor Revenga apenas ha realizado una incisión superficial: ¡Se fue El pulso!, la alarma coloca en posición beligerante a los guardias que amenazan a los médicos. El doctor Acosta Ortiz toma las riendas de la situación y ordena: ¡Quítale el cloroformo y dejarlo respirar normalmente! La orden es cumplida perentoriamente, mientras el doctor Ortiz procede sin dilaciones a suturar lo abierto por su colega, que sorprendido le pregunta ¿Que estás haciendo Pablo? Y este serenamente y sin que los guardias oigan la respuesta le señala ¡Que va a ser, salvando nuestras vidas!

LA TRAICIÓN

Recuperado del incidente, el mandatario volvió a sufrir los efectos agravados de su dolencia, y es entonces cuando in extremis decide marcharse a Alemania a realizarse la cirugía que había resultado fallida por la precariedad de los recursos médicos existentes en Venezuela. Castro cambiará el poder por la vida, pues si bien no pudo volver a ocupar la Presidencia, ni a pisar suelo venezolano tras la traición de su compadre Juan Vicente Gómez, si pudo vivir dieciséis años más, para morir en Puerto Rico en 1924. El había salvado su vida y los acobardados médicos que trataron de operarlo en Venezuela también. 


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