Fué una de las mejores voces de todos los tiempos en la música popular norteamericana, por eso le decían “La Voz”
SINATRA: LAS MANÍAS DE UN CROONER
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Simón Petit

 Como todo gran artista, tenía lo suyo. Gente que lo amaba y gente que lo odiaba, con escándalos, con errores, con aciertos, con virtudes y manías. Asociado a la mafia por ser amigo de mafiosos, también fue vinculado a su fiel amistad con grandes exponentes de la cinematografía, música y también a la política. Bueno, era nada más y nada menos que Frank Sinatra, el hombre que no solo era un cantante de multitudes sino un filántropo que luchaba contra el racismo y la discriminación, que abogaba por la defensa de los derechos civiles, que lloró por la muerte de los cuatro estudiantes de la Universidad de Ohio cuando los asesinó la guardia nacional en una manifestación ese 4 de mayo de 1970 y aquel que ayudaba a los veteranos de la guerra de Vietnam dando conciertos gratis para ellos.

Pero como todo ser humano, tenía sus obsesiones, a las que solemos mejor etiquetarlas como manías; y una de ellas era el que no podía estar sin una cajetilla de cigarrillos y un encendedor en su bolsillo. Eso fue algo con lo cual siempre se identificó y que disfrutaba al máximo. Él se adaptaba a esa frase de Oscar Wilde cuando decía que nada disfrutaba más de este mundo que fumar un cigarrillo, y en el caso de Wilde, sin ser molestado. Quizá a Sinatra no le disgustaba que lo molestaran conversando mientras fumaba; pero sí cuando le pedían que no lo hiciera porque eso le cercenaba su derecho al placer.



LOS SOMBREROS

Se dice también que era obsesivo con la higiene y su aseo personal, al punto de bañarse hasta siete veces diarias y coleccionar cantidades de perfumes y que solía usar incluso diferentes fragancias al mismo tiempo. También tenía un fetiche con los sombreros y los coleccionaba llegando a tener en su guardarropa más de 1000 sombreros. Es conocida su pasión por el ejército. Sin embargo, no pudo cumplir su sueño porque durante la segunda guerra mundial fue clasificado como “4F”, es decir, que no era apto para el ejército norteamericano debido a una lesión en el tímpano que le impidió ser reclutado; pero ello no significó que apoyara activamente a las tropas al realizar numerosas presentaciones para los soldados.

Otra de sus manías era que tenía una técnica única para mantener su voz en óptimas condiciones: cantaba mientras se sumergía en agua caliente hasta el cuello y esto le ayudaba a relajar sus músculos y mejorar su rendimiento vocal. Por otro lado, Frank Sinatra tenía varios rituales antes de subir al escenario a cantar. Uno de sus rituales más conocidos era comer un plato de pasta con salsa boloñesa antes de cada actuación. Sinatra creía que la pasta le daba energía y le ayudaba a cantar mejor. Otro ritual de Sinatra era llegar al escenario al menos una hora antes de su actuación para ensayar y encerrarse en su camerino sin que nadie molestara para prepararse mentalmente. También tenía la costumbre de llevar siempre al camerino un vaso de agua y un pañuelo de seda.

Tenía otras manías que eran un poco más peculiares. Por ejemplo, siempre llevaba entre su ropa un amuleto de la suerte, una pequeña medalla de San Cristóbal. También la costumbre de tocarse la nariz tres veces antes de comenzar a cantar. Esto era una parte importante de la rutina de Sinatra y le ayudaba a concentrarse y a dar lo mejor de sí mismo en cada actuación. La Voz, como se le conoció en la vida y en la muerte, fue un ídolo; pero como podemos ver, también fue un ser humano como cualquier mortal de este mundo.