Crónica amerindia a propósito del conflicto del Esequibo
REVUELTA EN EL RUPUNUNI Y SAN IGNACIO DE YURUANI
      A-    A    A+


Alfredo Schael

Tempranito nos reunimos en Maiquetía donde aguardaba el FAV Bell UH que nos llevaría a Santa Elena de Uairen. El grupo lo encabezaba el director de Fronteras, Román Rojas Cabot, además de sus colaboradores Hermann González Oropeza, Daniel Barandiarán, Jorge Panchenko, Federico Márquez Brandt, un ayudante y mi persona.

Sobre el mar volamos a baja altura hasta Barcelona desde donde proseguimos rumbo a Puerto Ordaz. De nuevo reaprovisionaron el helicóptero. Sin perder tiempo, despegamos rumbo al punto conocido como Kilómetro 88, cercano a Las Claritas.

Avanzada la tarde bajamos en un estrecho predio mientras caía torrencial aguacero, cuidándose la tripulación del cableado eléctrico de aquel lugar que, en 1974, aún era algo como la avanzada venezolana no lejos de La Escalera, por dónde se sube a la vastedad de la Gran Sabana. El 88 era suerte de encrucijada de caminos, uno dirigiéndose al extremo fronterizo este del estado Bolívar en su límite internacional con la República de Guyana y la Zona en Reclamación.

En Georgetown estuvo Román Rojas Cabot como el segundo embajador acreditado ante el gobierno de Burnham, En el 74 estaba al frente de la Dirección de Fronteras en la Cancillería venezolana. Era pues buen conocedor de cuanto ocurrió en 1968, nada menos que el evento conocido como Revuelta del Rupununi, gran fiasco.

Tomamos café y mordimos algo obsequiado por las religiosas. Apenas amaina el aguacero, los pilotos encendieron la turbina y el rotor mayor hizo elevarse el aparato volador. Luego bajamos en el Fuerte Maricuya, vistosa instalación.



. Allí tuvo lugar una breve reunión entre los funcionarios y jefes militares responsables del resguardo de la Gran Sabana. Prosiguió el vuelo hasta San Francisco de Yuruani. Aterrizamos casi con la puesta del sol. A nuestra izquierda, el Roraima dominaba el paisaje.
Pasamos cómodos la noche después de cenar y la interesante conversa con quienes tuvieron el privilegio de ser acogidos, protegidos y cedulados venezolanos pues formaron parte de los amerindios y otros involucrados en la Revuelta del Rupununi, fracasado levantamiento o intento libertario de hombres y mujeres originarios de la porción fronteriza oeste de Guyana, en nuestra Zona en Reclamación.

En aquel entonces había transcurrido el tiempo durante el cual, desde Santa Elena de Uairen, transportaban las provisiones sustento de la vida de los habitantes de San Ignacio de Yuruani, uno los pequeños asentamientos fundados por el Ministerio de Relaciones Exteriores para alojar y proteger a los perseguidos por el gobierno de Guyana a raíz de la Revuelta del Rupununi.

Igualmente, en Las Claritas se le brindaba albergue a otra porción de unos 120 insurrectos amerindios protegidos por Venezuela. En San Ignacio ocupaban una treintena de casas de concreto tipo Vivienda Rural, semejantes a las utilizadas en buena parte de los campos de la República.

El notable jesuita Germán González Oropeza, al igual que sus acompañantes, sobre el terreno apreciaron logros de la Dirección de Fronteras. Uno consistió en la franca asistencia continua a refugiados del Rupununi.

La terminación de la carretera El Dorado-Santa Elena abrevió llegar a San Ignacio o a la vis conversa, algo que antes significaba rodar todo un día. Igualmente facilito a obstinados refugiados, emigrar rumbo a El Dorado, Tumeremo, Puerto Ordaz, Ciudad Bolívar, …

LA REVUELTA Y POSTERGADO DEL ESEQUIBO

Refiere Manuel Felipe Sierra, memorioso periodista y editor de la revista Eneltapete: “Valerie Hart entró a la Casa Amarilla de Caracas la tarde del 3 de enero de 1969. El día anterior la población amerindia de Rupununi en Guyana se declaraba en rebeldía contra el gobierno de Forbes Burnham”.

Cuando estrechó la mano del canciller Ignacio Iribarren Borges, recobró cierta dosis de la tranquilidad que había perdido después de un largo desvelo. La tarde anterior sobre un espacio cuasi selvático marcado por pequeñas y medianas fiscas de ganado y a màs de 400 kilómetros al sur de Georgetown, estallaba una confabulación separatista. La señora Hart hizo la relación de los hechos que habían conducido a su designación como presidente de un Comité Provisional de Gobierno, después que Burnham negara sus derechos a los 40 mil nativos y pobladores de la zona”

No cabe dudar que Venezuela metió sus manos alentadoras de aquella fracasada revuelta cuya inconsistencia la agravó la cercanía de las elecciones presidenciales y el cambio de gobierno de Raúl Leoni a Rafael Caldera además de, quién sabe, si ausencia de coherencia en las diferentes estancias del poder en Caracas y las fuerzas armadas.

La señora Hart se hizo la cabeza visible del movimiento pretendiente de convertir a Rupununi en un territorio independiente bajo protección venezolana. Según Sierra, “El canciller guardó silencio, pero conocía de los planes de protección de la frontera del Esequibo que dirigían el ministro del Interior Reinaldo Leandro Mora, el general de brigada Raúl Jiménez Gainza, el capitán Jacobo Yépez Daza y el cubano-venezolano Orlando García.”

La aspiración venezolana por recuperar el territorio Esequibo, si las negociaciones con la Gran Bretaña y luego con directamente con el gobierno de Guyana independiente, es de vieja data y por vía armada registra los hechos relativos a que “Una política iniciada en 1954 a raíz de la X Conferencia Interamericana de Caracas. En esa ocasión el representante diplomático del país Ramón Carmona reiteró el reclamo sobre el territorio Esequibo y el propio Marcos Pérez Jiménez le planteó el asunto al Secretario de Estado norteamericano John Foster Dulles en términos categóricos.



Por cierto, que durante esos días el líder independentista guyanés Cheddi Jagan permaneció como un discreto huésped invitado por el régimen en el Hotel Ávila, mientras se constituía una Comisión Militar dirigida por el coronel Julio César Angola para examinar los escenarios de una ofensiva armada prevista para 1958”, según lo recuerda el periodista Manuel Felipe Sierra.

Pérez Jiménez, convencido de los inequívocos derechos de su país, sin embargo, opta por concretar la posesión de Los Monjes a dar inicio a la propuesta de proceder militarmente a tomar por la fuerza la zona Esequiba arrebatada por los ingleses. Cuestión de prioridades y capacidades.

En octubre de 1966, tropas venezolanas avanzaron sobre la parte occidental de la pequeña isla Anacoco -- 8 km2 --, en la confluencia de los ríos Cuyuni y Venamo, en la cuestionable línea delimitante de Guyana y Venezuela. Entonces, tal hecho provoco un encontronazo diplomático guyanés-venezolano. Nada o poco conocemos en cuanto a detalles de que ocurre allí en estas fechas.

La visita del grupo de la Dirección de Fronteras que acompañé en 1974 permitió apreciar cómo Venezuela cumplía con el compromiso humanitario de proteger y apoyar la inserción formal y productiva del grupo no sólo de amerindios contestes, comprometidos o víctimas de la divergencia política en Guyana. O, con los impulsores de la anexión a Venezuela, tal y como corresponde, conforme a derecho, venezolanizar la región del Esequibo - más de 100.000 Km2 –, de la cual el Imperio Británico nos despojó no obstante históricas, formales evidencias y buenos oficios de nuestros gobiernos a partir de la denuncia ante la ONU en 1963.




Ver más artículos de Alfredo Schael en