Cuando Soledad Bravo cumple un nuevo año, habría mucho que decir para repasar su historial y valorar su arte sin fronteras
80 AÑOS DE SOLEDAD
      A-    A    A+


Isaac López

Escucho una a una las 40 producciones musicales, desde el disco dedicado a Federico García Lorca y al folclor español de 1968, hasta el tripack de Boleros, tangos y algo más, de 2014. Esa variedad de ritmos, melodías, sones. Su participación en trabajos y conciertos de Pablo Milanés, Los Savandeños, Martirio, Ilan Chester, y Franco De Vita hasta sus más recientes presentaciones lo mismo con Kiara y Carlos Baute que con Natalia Laforcade.

Reviso mi archivo de la materia La Nueva Canción Latinoamericana desde sus primeras comparecencias radiales con Carlos Rangel y Sofía Imber de 1967, cantando en español, francés, italiano y portugués, entrevistas para la revista Imagen, de 1972, valoraciones de Santiago Magariños, Rodrigo Santa Cruz, Manolo Sanlucar, y Chefi Borzachini a Rómulo Rodríguez, Alfredo Sánchez Rodríguez, Pedro Chacín o Aquilino José Mata. Me pregunto, cómo se construye en Venezuela una carrera artística en 56 años de trayectoria. Cuáles son y cuáles fueron los caminos que se deben transitar para lograr proyección y reconocimiento.

Autores, músicos, arreglistas, productores, estudios, promoción, conciertos… Cada disco es una historia. Desde el que grabara solo con su guitarra en una hora, hasta los producidos junto con Willie Colón, César Miguel Rondón, o Yasmil Marrufo. Desde La Discoteca y los Estudios Larrain hasta los Estudios La Tierra y Beartracks de Nueva York. Del gran premio del disco Academie Charles Cross de París a Sábado Sensacional y Nosotros Venezuela.

Y en Soledad Bravo: voz y personalidad, carisma e inteligencia, capacidad y dotes. El instrumento y la sensibilidad para haber elegido un repertorio que más de medio siglo después da lugar a una de las grandes obras de un artista popular hispanoamericano.

La decisión de romper esquemas y prejuicios artísticos y políticos, su cercanía con compositores e intérpretes de dos continentes, la relación que eligió tener con las plataformas de entretenimiento y divulgación, todo eso han hecho de ella aquello que el uruguayo Washington Benavides llamó «un artista necesario». Necesario para el alma y el espíritu, para ensanchar los caminos de la vida.

Al establecer paralelismos con otros artistas de su generación y sus comienzos, ella pudo convertirse en estandarte de la canción folclórica nacional o latinoamericana al estilo de Mercedes Sosa; recorrer las sendas de la farándula local hasta terminar conviniendo con el chavismo y obtener el Premio Nacional de Cultura como Gloria Martín; o simplemente terminar en un altar como la Madre Cantora junto a Alí Primera.

Pero prefirió irreverencia, crítica, cuestionamiento, búsqueda artística y poética. Beber de los legados culturales de España, Francia, Portugal y América Latina. Despojarse de los rótulos de cantora de protesta de sus inicios en los teatros de la Ciudad Universitaria y los actos de la izquierda política y cultural. Con sus búsquedas de expresión hemos ganado todos.

Cantora de amplio registro y especial posicionamiento en un público que ha seguido su trayecto, como Violeta Parra, Cesaria Evora, Nina Simone, Elis Regina, Omara Potuondo, María Bethania, Barbara… Soledad Bravo es un hito de la música contemporánea del mundo. Hoy, cuando arriba a sus 80 años, próxima a un nuevo concierto, habría mucho que decir para repasar su historial y valorar su arte sin fronteras. Repetimos una vez más: gracias a la vida por Soledad, ese lujo de Venezuela.

Ver más artículos de Isaac López en