El siglo XX fue un vía crucis para quienes pasaron de la palabra a la acción
LOS ESCRITORES Y LA CRUZ DE LA POLÍTICA
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Karina Sainz Borgo

En el año 1948, el escritor Rómulo Gallegos fue elegido presidente de la República de Venezuela. Fue derrocado por un golpe militar, nueve meses después. Ese mismo año, también el poeta Andrés Eloy Blanco presidió la asamblea legislativa. Los dos grandes literatos se habían echado el país sobre los hombros, pero los militares los sacaron a punta de pistola. En 1990, Mario Vargas Llosa compitió con Alberto Fujimori por la presidencia del Perú. Perdió en la segunda vuelta y optó por el exilio en España.



En su libro ‘El pez en el agua’, en cuyas páginas habla de su fallida experiencia política a la vez que traza una Historia de Perú, describe su posición sobre las medidas estatistas del entonces presidente del Perú Alan García, la fundación del Movimiento Libertad y la posterior conformación del Fredemo. Dejó muy claro que jamás volvería a involucrarse ni a aceptar un cargo político. Cuando abogó por un gobierno federal en Argelia, tanto los árabes como los colonos dieron la espalda a Camus. En sus diarios, publicados en España con el título ‘Vivir la lucidez. Todos los carnets (1935-1959)‘, manifestó estar cansado de ser un referente político. Cada vez le costaba más mantener su compromiso con la izquierda comunista, una fricción que acabaría con la ruptura definitiva con Jean-Paul Sartre. El siglo XX se convirtió en un vía crucis para aquellos escritores que asumieron una posición política o se plantearon incluso pasar de la palabra a la acción. De redentores pasaron a crucificados.



Mayakovski pasó de ser el poeta nacional a ser un apestado

Le ocurrió incluso al novelista norteamericano Norman Mailer, cuando, poseído por el espíritu de la cobertura política de las convenciones republicana y demócrata, se lanzó a alcalde de Nueva York, en 1969. Incluso cuando no sobrepasan el perímetro de su obra, la política despedaza a los autores. Mandelshtam acabó en el Gulag por referirse a Stalin como «montañés del Kremlin», y Mayakovski pasó de ser el poeta nacional a ser un apestado. La primera y segunda guerra mundial fueron una trituradora de escritores.
Crearon voces y las modularon, como Ernest Hemingway, pero también los hicieron pasar por el árido pasillo del exilio: le pasó a Joseph Roth, Thomas Mann, Zweig, Paul Celan y Primo Levi. La Revolución Cubana también supuso un descalabro desde Heberto Padilla o Guillermo Cabrera Infante hasta Reinaldo Arenas. La política es inseparable de la literatura, pero a la vez supone un cadalso para quienes han pretendido recorrerla, incluso involuntariamente.

ABC

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